● En pocas horas, este caso quedará se unirá a la lista de casos impunes

Redacción, CR – El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) es un cuerpo policial profesional, serio y responsable cuyos agentes han logrado en más de 40 años de historia resolver grandes casos.

Pero una de las más grandes deudas de la Policía Judicial con la sociedad costarricense es el asesinato de la niña Josebeth Retana Rojas ocurrido el 5 de setiembre del 2005, cuando la menor tenía 8 años.

Diez años después del crimen en Horquetas de Sarapiquí, la Fiscalía no ha inculpado a nadie y, desde noviembre del 2008, se archivó el caso. El porqué de su muerte es un misterio.

El caso prescribirá este 5 de setiembre de acuerdo con la legislación penal por la que ya perderá sentido cualquier investigación sobre este homicidio.

Horas antes de la desaparición de la estudiante de segundo grado de la escuela de Ticari –el 5 de setiembre del 2005–, siete personas aseguraron al OIJ haberla visto caminando sola hacia su casa en Horquetas de Sarapiquí.

El día que la niña desapareció, la clase comenzó a las 11:40 a. m. Josebeth vistió el mejor pantalón que tenía y dos argollas. La jornada terminó a las 2:40 p. m. y la niña emprendió sola el viaje de un kilómetro a casa.

César, un alumno de sexto grado montaba su bicicleta por una calle de lastre cuando se topó con Josebeth a las 3:30 p. m. Él la saludó y le dijo que se fuera para la casa. La niña respondió que no tenía miedo, mientras llevaba en sus manos un jeans que Alice Daniela (11 años) le regaló de camino.

Un informe del OIJ revela que Josebeth Retana murió por asfixia de inmersión, es decir ahogada.
El asesino primero la golpeó en la cabeza hasta dejarla inconsciente. Luego la introdujo en un saco el cual cerró cuidadosamente para finalmente depositarla en el fondo de la quebrada donde apareció sin vida el 11 de setiembre del 2005.

Los investigadores señalaron que no hubo indicios de un acto de defensa o lucha de la niña para evitar la agresión pues en apariencia la menor confiaba en su homicida porque lo conocía desde meses atrás.

Josebeth medía 139 centímetros y pesaba 26 kilos. En la espalda cargaba su maletín rosado, en el que llevaba un lápiz de minas, una capa rosada y ocho cuadernos, entre ellos los de inglés y matemáticas.

La última vez que fue vista estuvo sentada bajo un árbol de nance y luego caminó hacia un portón metálico verde que da a una plantación de palmito de pejibaye. El OIJ concluyó que ahí fue donde el atacante interceptó a Josebeth.

Como a las 5 p. m., la menor no había llegado a casa. Su madre, Maribel Rojas, visitó la escuela dos horas y media después de la salida para preguntar por ella, pero no estaba. En ese momento dio la alerta.
Los equipos de búsqueda comenzaron un fracasado operativo de tres días. A la mañana siguiente, un pescador reportó el hallazgo del cadáver en un saco en la quebrada.
La menor se encontraba en posición fetal, con su uniforme puesto (sin calzón); en el salveque seguían sus cuadernos y el jeans que le regaló Daniela. La autopsia determinó que el tiempo de muerte coincidía con la desaparición.

Su pantalón no tenía botón y la cremallera estaba descosida. Se presumió que hubo violación, pero el forense la descartó. Vellos púbicos en su ropa presentaban ADN de la madre y de un vecino Alexander Salamanca, pero la Fiscalía recalcó que esta prueba generaba dudas.

Durante todas las investigaciones solamente se señaló como sospechoso a Salamanca, pero este hombre nunca ha figurado como imputado en la causa.

Incluso él mismo visitó los Tribunales de Justicia para pedir a las autoridades que de una vez por todas esclarecieran el caso y se descartara su participación en el hecho.

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