• Homicidas andan sueltos desde el año 2009.
  • Esposa de víctima exige que se haga justicia.

Redacción – Juan Carlos Araya Espinoza tenía cuatro meses de trabajar como taxista en Buenos Aires de Puntarenas, cuando dos pasajeros que lo abordaron en el centro de esta ciudad y cuya identidad es un misterio, terminaron con su vida.

Era un miércoles 23 de setiembre del año 2009 cuando Araya decidió salir a trabajar desde muy temprano como siempre lo hacía. Solo que ese día decidió usar el taxi placa PP-413, propiedad de Luis Miranda, su patrón.

El día transcurrió de manera normal. Juan Carlos hizo varios servicios a diferentes localidadaes de Buenos Aires, poblaciones surcadas por grandes plantaciones de piña.

A eso de las 8 de la noche, Araya se disponía a llenar el tanque de combustible para entregar el vehículo a su patrón.

La jornada de trabajo había sido satisfactoria para él. Así se lo comentó a Hugo Vargas, uno de sus amigos más cercanos, quien lo había llamado minutos antes por teléfono.

Unos treinta minutos después, el taxista fue abordado por dos sujetos al frente del conocido restaurante Flor de la Sabana en el centro de Buenos Aires, cerca de la carretera Interamericana sur. Los dos hombres le solicitaron un servicio. Fue la última vez que sus amigos lo vieron con vida, recordó Maximiliano Morales, otro de sus amigos.

Casi dos horas después, el cuerpo de Juan Carlos Araya apareció tirado en un camino de un piñal en el poblado de San Carlos, a unos 8 kilómetros al sureste de la ciudad de Buenos Aires.

El cuerpo presentaba una estocada en el pecho mientras que el vehículo apareció a pocos metros tirado sobre una zanja.

En el vehículo los agentes judiciales hallaron una gorra, aparentemente de los asesinos, gotas de sangre, restos de cabello y hasta un picahielo que habría sido el arma usada por los delincuentes para quitarle la vida.

Pese a estas evidencias, la Policía Judicial no ha podido seis años después conocer la identidad de los asesinos. Ante una consulta de Crímenes sin resolver, la oficina de prensa del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) señaló esta semana que el caso fue enviado al archivo fiscal debido a los resultados negativos obtenidos hasta el momento con los indicios hallados en la escena.

«Las tomas de muestras de elementos pilosos en el vehículo, de las cuales se han hecho análisis en los laboratorios forenses, y las comparaciones con posibles personas sospechosas han sido negativas. Todavía faltan análisis de laboratorio que están pendientes por realizar a personas sospechosas que no han sido ubicadas».

Según la información una fiscal fue asignada para realizar las diligencias pendientes.

Alerta: Nuria Concepción, operadora de la empresa Central de Taxis 2044, de Buenos Aires, dijo que se percataron del hecho el miércoles a las 9:10 p. m. cuando Juan Carlos llamó por radio y pidió “auxilio”.

Segundos después se escuchó otro llamado: “¡auxilio, central!”

Concepción informó de que inmediatamente comenzaron a hacerle llamados a Araya para saber donde se encontraba, pero no obtuvieron respuesta del taxista.

Compañeros que en ese momento estaban laborando, iniciaron la búsqueda, la cual no tardó mucho en dar resultados pues un joven que viajaba en una motocicleta alertó a la Fuerza Pública sobre el hallazgo de un taxista herido en una calle de lastre.

Cuando los cuerpos de socorro llegaron al lugar determinaron que la víctima había fallecido pocos minutos antes.

Móvil: El móvil de este homicidio está confuso. Inicialmente agentes de la Policía Judicial barajaron la posibilidad de que mediara el robo en el asesinato, pues, según dijeron, en la escena no aparecieron la billetera, el celular ni el dinero que el taxista pudo haber ganado aquel miércoles.

Pero la excompañera de Araya en aquel momento, Fabiola Cabrera, aseguró a Crímenes sin resolver que tras el funeral del taxista a ella le entregaron la billetera con el dinero propiedad de la víctima. La gorra no le pertenecía al taxista.

Los parientes creen que los asesinos pudieron haberse equivocado de víctima y que a esto habría contribuido el que Araya utilizara ese día un taxi que no era el que siempre conducía.

Las pesquisas determinaron que Araya fue abordado por los dos sujetos y pocos minutos después lo obligaron a dirigirse por un camino oscuro y solitario a la zona de piñales; luego lo bajaron del vehículo, lo hirieron con un picahielo y creyendo que ya estaba muerto, abandonaron la escena.

Herido como estaba, el taxista logró reincorporarse, tomó el volante y condujo unos 5 kilómetros pero ya no pudo controlar el vehículo que terminó precipitándose a una zanja. Araya habría salido del auto a pedir ayuda pero murió en el intento debido a la gravedad de la herida.

La víctima: Para setiembre del 2009, Juan Carlos Araya Espinoza, convivía con Fabiola Cabrera en Buenos Aires de Puntarenas con quien procreaba una hija de meses de nacida.

“Juan Carlos era un hombre trabajador, responsable; que yo supiera no tenía enemigos o personas que quisieran matarlo; desde que esto ocurrió la vida cambió radicalmente para mi y nuestra bebé” expresó su excompañera, quien ahora reside en Escazú, San José en donde se esfuerza por salir adelante para darle un mejor futuro a su hija.

Ella no termina de reclamar justicia.

La mujer consideró que los agentes judiciales y la Fiscalía no han puesto un verdadero empeño para resolver el homicidio. “Hace algunos meses fui a preguntar por el avance del caso y lo que me dijeron es que se había archivado; sentí una gran decepción” dijo Cabrera.

“No puede ser que a esta alturas, cuando han pasado más de seis años del crimen, la policía venga a decir eso; yo exijo que me digan que hicieron durante tantos años para que ahora decidan archivarlo, como si se tratara de la muerte de un animal” reclamó.