Redacción- Aunque parezca difícil  de creer, existen humanos que necesitan tomar sangre de otra persona para aliviar malestares, tales como, fatiga, dolor de cabeza y terribles dolores de estómago.

Esta práctica poco inusual fue descubierta por el investigador  John Edgar Browning quien decidió ofrecer un poco de su sangre, a estas personas catalogados como  vampiros humanos.

La comunidad que se alimenta de sangre mantiene trabajos comunes y corrientes. Entre ellos se cuentan empleados de bares, secretarios y enfermeras; algunos son cristianos practicantes, otros ateos; frecuentemente son muy altruistas.

«Hay miles de personas que hacen esto en Estados Unidos y no creo que sea una coincidencia o una moda pasajera», dice Browning.

Al parecer un lugar donde se toma sangre es en el estado francés  de Nueva Orleans.

Una de las primeras personas que Browning entrevistó, por ejemplo, tenía 13 o 14 años cuando notó que se sentía débil todo el tiempo. Una vez, mientras peleaba con un primo, este sangró y el primero pasó la boca por la herida. «De repente sintió mucha vitalidad», dice Browning. Ese gusto por la sangre eventualmente se transformó en un hambre compulsiva.

Para alimentarse suelen ser sus amigos cercanos quienes se ofrecen de donantes para satisfacer las necesidades de estas sedientas personas.