San Jose. El nuevo presidente Carlos Alvarado presentó su primer discurso ante el país una vez que asumió la banda presidencial que lo acredita como el mandatario número 48 de Costa Rica.

A continuación, el discurso completo.

Costarricenses,

Hoy, recibo esta banda con plena consciencia de que es el mayor honor que se puede recibir y de la enorme responsabilidad que tengo con todos ustedes y con nuestra Patria. Juro respetar y defender la Constitución de nuestra República y sus leyes, así como ser la mejor versión de mí mismo para llevar adelante los asuntos más importantes del país. Lo haré procurando el bienestar de todas las personas, y las más humildes tendrán un especial eco en mi conciencia.

1. De dónde venimos.

Lo haré teniendo claro de dónde venimos y de cómo hemos construido este país excepcional, para que trabajemos juntos en retomar el camino y lograr que la celebración del Bicentenario de vida independiente que festejaremos en 2021 nos encuentre avanzando a paso firme, hombro a hombro, mano a mano, por la senda del progreso y el bienestar compartido que le han labrado un nombre propio a Costa Rica.

Cuando la noticia de la Independencia llegó a este suelo que nos alberga y une en una causa común, se estima que apenas 65 mil costarricenses habitaban esta tierra dichosa.

Sesenta y cinco mil mujeres y hombres diferentes, valientes, la gran mayoría trabajadores y pobres; 65 mil personas, nuestros primeros ancestros, que todos reunidos equivaldrían hoy a la población de un solo cantón, como el de Liberia o el de Tibás.

Hace 197 años, éramos una tierra y una gente lejana a los grandes centros de la época, pero ya desde entonces mostrábamos tener un carácter especial.

Nuestro ilustre primer Jefe de Estado, Juan Mora Fernández, allá en 1828 nos legó una de las piezas de sabiduría más notables, que ya delineaba esa visión que ha guiado la vida política costarricense desde el origen:

“El Ejecutivo desea que el estado sea feliz por la paz, fuerte por la unión y que sus hijos corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos”. Fin de la cita.

 

Paz, trabajo, unión y bienestar para todas las personas.

Guiados por esa visión, hemos desde entonces dado pasos decididos para ser esa nación mejor, que valora como ninguna, la felicidad y la libertad de las personas.

Porque este país se construyó desde abajo y en condiciones adversas. Este país no se construyó con personas que se quedaron de brazos cruzados, con personas indiferentes. Este país no se construyó levantando barreras y exacerbando diferencias. Este país no se construyó haciendo siempre lo mismo.

Se construyó desde la ciudadanía, y no desde lo militar, y fue solo cuando las circunstancias lo demandaron, que civiles valientes afrontaron la tarea bélica como en los casos de Gregorio José Ramírez, Juan Rafael Mora Porras, Francisca Carrasco, o el joven tamborcillo y héroe nacional: Juan Santamaría.

Este país se construyó gracias al ingenio, la voluntad, el diálogo constructivo y el trabajo incansable de hombres y mujeres muy distintos. De costarricenses comprometidos y visionarios que decidieron libremente hacer la diferencia y empujaron la rueda de la historia en una dirección prudente, innovadora y de bien. Ellos, nuestros ancestros, fueron capaces de tomar decisiones excepcionales.

Desde el inicio de la nación, la educación ha estado en el centro del desarrollo del país. Ya en 1847, hará 171 años, José María Castro Madriz, decretaba la creación del Liceo de Niñas y dos décadas después se establecía constitucionalmente la educación obligatoria, gratuita y costeada por el Estado. Esa vocación por la educación se expresaría de nuevo en 1940 con la creación de la Universidad de Costa Rica, y en un mes se cumplirá 7 años de que se estableció constitucionalmente la voluntad de dedicar un 8 por ciento de nuestro producto interno bruto a la educación pública.

Tempranero, visionario y consistente ha sido también el compromiso nacional con los Derechos Humanos, ejemplificado con la abolición de la pena de muerte por parte de Tomás Guardia, convirtiéndonos en uno de los primeros países en el mundo en dar ese paso.  Similar lo hicimos con la suscripción del Pacto de San José en 1969, cuando se promulgó para todo el hemisferio, desde nuestra capital, la Convención  Americana de Derechos Humanos.

Iluminamos también nuestra historia cuando San José se convirtió en la primera capital de Latinoamérica y una de las primeras ciudades del orbe, apenas detrás de París y Nueva York, en contar con iluminación eléctrica. Tradición consolidada con la creación el Instituto Costarricense de Electricidad, cuyo 70 aniversario estaremos celebrando el año entrante, y con el prestigio de que somos uno de los países líderes en el mundo en materia de generación de electricidad limpia.

De avanzada fue la respuesta dada por el Presidente Alfredo González Flores hace más de un siglo a los severos problemas fiscales que enfrentaba el país, creando un impuesto, el de la Renta, e impulsando una reforma fiscal que enfrentó la incomprensión de algunos sectores aunque procuraba hacer más eficaz y progresivo el sistema tributario.

Los frutos del bienestar se generan del diálogo y el entendimiento entre diferentes fuerzas políticas y sectores sociales que logran superar sus diferencias en aras del bien común. Ejemplo preclaro fue el visionario establecimiento de la seguridad social en la década de los cuarenta del siglo pasado, gracias al Dr. Calderón Guardia, a don Manuel Mora y a Monseñor Sanabria.

También supimos romper moldes y dar ejemplo al mundo con la abolición del ejército por parte de don José Figueres Ferrer en 1948 o llevar adelante un proceso de paz en Centroamérica que le mereció el Premio Nóbel al ex presidente Arias Sánchez.

La vocación de liderazgo en materia ambiental se ha reflejado en la creación de los parques nacionales, auténticas joyas de nuestro acervo natural; en los sistemas de áreas protegidas y en el pago de servicios ambientales que nos ha convertido en referente en este ámbito.

Así fue como se construyó Costa Rica: con prioridad para la educación, énfasis en los Derechos Humanos y atreviéndonos a innovar; con justicia tributaria y social, alcanzada mediante el diálogo y trabajando unidos; con la apuesta por la paz y en procura del balance con el ambiente. Fue gracias al ingenio y al trabajo incansable, a la voluntad de nuestros antepasados de hacer cosas y de avanzar siempre, que este pequeño y pobre rincón, ignoto al tiempo de su independencia, logró transformarse en un país excepcional, respetado y admirado.

Pero ese espíritu se adormiló.

Y todos lo sabemos. Sabemos que hoy no basta con estar orgullosos del país que construyeron nuestros antepasados. Sabemos que la inercia no será suficiente para lograr nuestros sueños. Sabemos que afrontamos desafíos importantes y urgentes, que no admiten postergación. Costarricenses, la pregunta es ¿qué haremos?

2. Lo que haremos es trabajar unidos.

Por eso, hoy invito a todas las personas de todas las provincias de este país a que trabajemos en unión y nos aboquemos a construir la historia grande que amerita el Bicentenario de esta Patria nuestra.

Les convido a trabajar para recobrar la capacidad de creer en nosotros mismos y en lo que podemos lograr.

Tenemos la obligación ética e histórica de ser consistentes con nuestro legado de paz, democracia y de respeto al ambiente.

Como herederos de esa tradición, tenemos un rol que jugar en el concierto de las naciones en momentos de incertidumbre frente a amenazas como el cambio climático o frente a movimientos que ponen en riesgo la vida democrática y el respeto a las libertades fundamentales.

De tender una mano solidaria a los más necesitados y de velar por el respeto de todos los derechos humanos, a todas las familias, a todas las personas, a la diversidad que enriquece al país.

Bajo el límpido azul de nuestro cielo cabemos todas las personas y por eso el Gobierno del Bicentenario es plural. Nace de un acuerdo de Gobierno Nacional y aspira a sustentarse en el diálogo, en la construcción de entendimientos, en la buena voluntad para responder unidos a las justas aspiraciones de toda la ciudadanía.

El Gobierno Nacional tiene y tendrá como norte trabajar sobre lo que nos une y no sobre lo que nos separa.

Es un Gobierno que tiene la primera vicepresidenta afroamericana de Latinoamérica; un gobierno que ha hecho realidad, y excedido, la aspiración de tener el primer Gabinete paritario, y que además es multipartidista y de visiones y orígenes plurales, como reflejo de la convicción que tenemos de que esta Patria nos pertenece a todos.

Hace 70 años, en medio de mucho dolor, se escribió una de las páginas más lúcidas de nuestra historia: el Pacto de Ochomogo, el cual juntó a acerbos rivales de un grave conflicto, en un acuerdo crucial para el bienestar de los costarricenses, para preservar las Garantías Sociales.

Hoy, nos llena de orgullo que una nieta y una sobrina de los firmantes de ese extraordinario Pacto sean parte de nuestro Gabinete, junto con miembros de 4 partidos nacionales y uno cantonal. Esta representatividad del Gabinete se complementa con la integración de las fuerzas en el Congreso y es un reflejo de los nuevos tiempos, los cuales nos indican que todos debemos conjuntar esmero para hacer avanzar al país.

Quiero resaltar aquí el excelente ejemplo de diálogo y voluntad de alcanzar entendimiento que han dado las señoras diputadas y los señores diputados al elegir un Directorio Legislativo multipartidista, lo cual ha merecido el reconocimiento ciudadano, además del mío personal. Celebro y felicito este logro de la Asamblea Legislativa no más iniciando labores.

Esta es la actitud que el país necesita y que esperamos prevalezca al acometer materias tan cruciales para nuestro bienestar futuro como la reforma fiscal, o reformas constitucionales como la relativa a la pérdida de credencial del diputado por violación del principio de probidad, mediante reforma del artículo 112 de la Constitución Política (Expediente No. 19.117). O la reforma de los artículos 176, 184 y adición de un transitorio de la Constitución Política para la estabilidad económica y presupuestaria (Expediente No. 20.179). Así como otras iniciativas importantes para fortalecer la ética en la función pública, combatir la corrupción, el resguardo del recurso agua, o la dignidad de las personas adultas, las mujeres y las personas con discapacidad, entre otras materias.

Los mejores deseos para el Primer Poder de la República en el ejercicio de sus importantes funciones constitucionales, que serán cruciales para sacar el país adelante. Su éxito será el de toda nuestra sociedad. Son ustedes la Asamblea Legislativa del Bicentenario, y esa característica debe teñir de positivismo su actuar.

3. Debemos actuar.

 

Ahora bien, frente a los desafíos y oportunidades que tiene el país, hoy se necesitan acciones y respuestas oportunas. Hay temas donde no podemos esperar más, y las dilaciones nos costarían muy caras. No hay tiempo que perder para profundizar ese país más próspero, inclusivo y solidario que habremos de legar a las próximas generaciones.

En consonancia con nuestras fortalezas históricas debemos actuar en al menos 7 ejes fundamentales para el bienestar de nuestra ciudadanía: i) la educación, ii) la seguridad ciudadana, iii) la salud, iv) la protección y el balance con el ambiente, v) una mejor movilidad e infraestructura pública vi) la generación de empleo y bienestar con enfoque territorial y vii) la recuperación de la estabilidad fiscal.

Queremos un país que abra oportunidades a todas las personas desde la educación. Que brinda a los estudiantes una infraestructura adecuada, unos contenidos atractivos y de calidad que les enseñan a aprender continuamente y a adaptarse, y que les prepara para la vida y para su futuro laboral, una oferta educativa ajustada a su entorno, acceso a la tecnología, acciones para disminuir la exclusión y educadores bien capacitados, con buenas condiciones y motivados. Que reconoce y potencia el derecho y el deber de los padres y las madres y a la comunidad de participar en la educación que reciben sus hijos.

Que ofrece a los educadores mayor autonomía para desarrollar su labor, que reduce la sobrecarga laboral para dedicar menos tiempo al papeleo abrumador y para que se puedan concentrarse más en su labor fundamental, la docencia. Aspiramos que para el Bicentenario contemos con una educación con calidad, inclusión, modernidad, valores y centrada en el ser humano y su entorno.

No debemos cejar en este esfuerzo mientras dos de cada cinco jóvenes en edad para estar en la secundaria estén fuera de las aulas. Ni tampoco, mientras no hayamos dignificado la profesión docente o mejorada la calidad del sistema. Esa es la ruta para la educación en el bicentenario.

Fortalecer la seguridad ciudadana será un imperativo categórico de nuestro actuar. Lo haremos con una visión integral, que articula la prevención del delito atendiendo a sus causas éticas y sociales, con el rigor contra los delitos violentos. Para nuestra administración será clave ejecutar una acción enérgica y coordinada para combatir y replegar el crimen organizado, el narcotráfico, la legitimación de capitales y la corrupción.

Debemos reducir el hacinamiento carcelario y fortalecer los procesos de reinserción social debida y técnicamente realizados, devolviendo también la confianza ciudadana en estos procesos. Al momento del Bicentenario trabajaremos incansablemente y con lo mejor de nuestro intelecto para que se vea materializada una reducción en la tasa de homicidios así como en la de femicidios, pero principalmente, devolviendo a la ciudadanía una mayor tranquilidad.

Debemos entender como sociedad que la materia de salud no trata exclusivamente de combatir la enfermedad, sino de impulsar el bienestar. La promoción de la salud, la salud preventiva, los estilos de vida saludables, la buena nutrición, el ejercicio, la salud mental y los buenos hábitos: todos estos son ámbitos de acción que deben ser potenciados acorde con una sociedad moderna. Ejerceremos efectivamente la rectoría del Ministerio de Salud.

Nuestro sistema de seguridad social debe seguir siendo orgullo nacional y motivo de reconocimiento internacional. Daremos especial atención a la necesidad de optimizar el uso de los recursos, de mejorar y humanizar la atención que reciben los asegurados, rescatar gradualmente la solidez financiera del sistema de pensiones de Invalidez, Vejez y Muerte, prepararnos para la transición demográfica que elevará el número de adultos mayores así como simplificar la inscripción y el aseguramiento para personas trabajadoras independientes y asalariadas.

La meta es para el Bicentenario que ese enfoque de salud sea el que prevalezca en la población, y de la mano de este, que mejoremos a través de la eficiencia todos los indicadores de atención de la seguridad social, como lo hemos comprometido en nuestro acuerdo de gobierno nacional.

En materia ambiental, para el Bicentenario tenemos el deber ético de liderar en el mundo, como lo hemos hecho en el pasado.  Debemos ser ágiles e innovadores. Estamos llamados a resguardar los ecosistemas y proteger la biodiversidad, gravemente afectada por el acelerado paso del cambio climático y de desastres climatológicos. No solo tenemos que mejorar la gestión de nuestros parques nacionales y el balance ambiental y humano en las zonas protegidas, sino que tenemos la tarea titánica y hermosa de abolir el uso de combustibles fósiles en nuestra economía para dar paso al uso de energías limpias y renovables. La descarbonización es la gran tarea de nuestra generación, y Costa Rica debe estar entre los primeros países del mundo que lo logra, sino el primero.

Lo podemos hacer gracias a nuestra matriz eléctrica limpia y renovable, pero requerimos una acción decidida y coordinada de todos los actores de la sociedad para iniciar y acelerar de manera irreversible este proceso, no solo impulsando el transporte y la producción eléctrica, de hidrógeno o de otras tecnologías; sino también modernizando nuestras instituciones -como el ICE y Recope- dialogando entre actores, y conformando una nueva economía con más empleos basada en la producción y el transporte limpio.

Para la COP 26 del año 2020, así como de cara al Bicentenario, Costa Rica deberá estar ya liderando los acuerdos de París en materia de cambio climático, siendo el laboratorio mundial de descarbonización, y la ciudadanía deberá estar ya viendo las nuevas opciones de este cambio, en materia de vehículos y transporte eléctrico e híbrido, en materia de reducción de emisiones y una adecuada gestión de los residuos. Hoy en día como sociedad, seguimos lanzando valiosos materiales a los ríos o enterrándolos en rellenos, cuando podríamos evitar contaminación y generar bienestar y valor con ellos.

La mayor obra de infraestructura pública que nos corresponderá construir es devolverle la confianza a la ciudadanía en que sí podemos, de que sí podemos construir infraestructura en tiempo, costo y de calidad. Esto no ocurrirá de la noche a la mañana, o sin tomar acciones determinadas y ejecutar cambios y reformas de fondo. Hemos comprometido avanzar de manera decidida con el Tren Rápido de Pasajeros, con la sectorización del transporte público y con la ampliación de la ruta 27 bajo el esquema de concesión.

También, dar avance, certeza y claridad en la ejecución de obras como la carretera San José-San Ramón, la carretera a San Carlos, la ruta Florencio del Castillo a Cartago, la ruta 32 en Limón y el tramo de Cañas-Barranca.  También, ha llegado la hora de innovar y acelerar el ordenamiento territorial en el país.

El Bicentenario debe encontrarnos con una renovada confianza en nuestras capacidades en estas materias.

El empleo dignifica al ser humano, y es en el trabajo que está la razón de nuestro éxito. Pero el desempleo en Costa Rica, se mantiene en un 10% que genera desvelo y dolor en muchos hogares, en jóvenes, mujeres, personas LGBTI, personas mayores de 40 años y personas con discapacidad. También el desempleo tiene una faceta de desigualdad, principalmente territorial. Es en la provincia de Limón y en el Pacífico Central, es en la Zona Sur Sur, en Guanacaste, en la Zona Norte, y en la Zona Norte Norte, en las costas y las zonas rurales, Es ahí donde más golpea la ausencia de fuentes de trabajo y la dificultad para que avancen los emprendimientos y los pequeños negocios. Bajos ingresos, constante preocupación, o jóvenes que deben abandonar sus comunidades para estudiar o trabajar; familias que se ven separadas por la misma razón son solo algunas de las consecuencias.

Nuestro gobierno abordará de frente esta tarea, porque entendemos que de ella depende el bienestar de toda la población. La educación de calidad para todas las personas es un elemento central para lograrlo, como lo es ampliar la educación técnica y hacerla pertinente, darla en horarios nocturnos, fines de semana, con apoyos en becas, transporte y cuido. Debemos generalizar la efectiva enseñanza y uso de una segunda lengua. Costa Rica debe ser en el mediano plazo bilingüe. Debemos empoderar económicamente a la ciudadanía, particularmente a las mujeres.

Pero además debemos llevar los bienes públicos como infraestructura, fibra óptica, agua en calidad y cantidad, educación, crédito y otros elementos a las distintas regiones, para que, con el liderazgo de las comunidades y con el empuje del sector privado, apalanquemos las propias ventajas competitivas de cada localidad, podamos impulsar esos empleos y bienestar que sumen a una economía que goza de los beneficios de los mercados en la globalización así como de su mercado interno y regional.

En el Bicentenario nos debe preocupar el empleo en cada región, y no solo la sumatoria del desempleo a nivel nacional, porque este enfoque nos ayudará a reducir las desigualdades que persisten.

Finalmente, pero de suprema importancia, debemos resolver de una vez por todas los riesgos que conlleva el tener un alto déficit fiscal. Esta será la quinta administración que de manera sucesiva tendrá que lidiar con este tema, con una diferencia radical con relación a las cuatro anteriores: el tiempo está a punto de agotarse para hacer esta reforma. Y eso pone en riesgo a la nación de cara a sus 200 años.

Nuestro gobierno se ha propuesto a llevar el déficit de su situación actual, en la que excede un 6.2% del PIB, a un 3% para cuando finalice el mandato.

Lucharemos decididamente contra la evasión, contra el contrabando, contra la subfacturación, trabajaremos en reducir la informalidad.  Recaudaremos mejor los impuestos existentes, haremos un uso eficiente de los recursos de la hacienda pública para lograr los objetivos del país, seremos austeros, iniciando por este mismo acto, y mantendremos una firme disciplina fiscal. Seremos rigurosos en el control del gasto público, impulsaremos la eficiencia de lo público, para lo cual entraremos a modernizar el Servicio Civil y dialogaremos para hacer efectivas reformas al empleo público.

Pero aún haciendo todo esto -como lo haremos- es necesaria la aprobación de un proyecto de ley en materia fiscal, como el que tienen en conocimiento las señoras y los señores diputados. Me dirijo a ustedes representantes populares del legislativo, y lo hago con afecto patrio: les pido analizar este proyecto y avanzar con el mismo de manera oportuna y ojalá pronta, para contar con su aprobación. De ello depende el futuro de este país y el bienestar y tranquilidad de todos los hogares costarricenses.

Y veamos esto también con optimismo, porque una vez resuelto, y avanzando en los otros campos que les he mencionado, les pregunto: ¿qué detiene a Costa Rica de cara al futuro?  El futuro está en nuestras manos, ahora debemos tener voluntad y debemos actuar.

Costarricenses: para concretar todo lo anterior, nuestras herramientas serán trabajo en equipo, seguimiento feroz, agilidad y honestidad. Siempre pensaremos en la mayoría, con especial énfasis en los más necesitados.

Y costarricenses, no será fácil. Pero lo tenemos que hacer, porque no hay opción. No hacerlo significa que nos devore el pasado, y que veamos reducido nuestro bienestar. Escojamos pues, congruentes con nuestra historia, la ruta de trabajar duro y por el bien común.

Muchas personas que topo en la calle, me piden lo mismo: “no nos falle”, me dicen. Y trabajaré muy duro dando lo mejor de mí para no fallarles. Pero yo también les digo, no nos fallemos a nosotros mismos, porque esta empresa de desarrollo es colectiva, es de toda nuestra sociedad. No hay esfuerzo pequeño, no hay persona que no valga, todos tenemos algo que contribuir en nuestro entorno más inmediato. Solo así ocurre el cambio.

Como dijo José María Castro Madriz un 8 de mayo, pero de 1847:

“Para que Costa Rica reciba los bienes que se promete de ella; estos no pueden ser obra de un solo hombre… necesito de vuestro apoyo para producirlos y de la cooperación benéfica de mis conciudadanos.” Fin de la cita.

Debemos tener el valor que tuvo la generación de nuestros abuelos. Hoy somos la reunión de su descendencia, sus nietos, y los tatara nietos de aquellos 65 mil, primeros costarricenses que recibieron la independencia con incertidumbre y asombro.

En otro contexto, pero con igual emoción y valentía, nos corresponderá a nosotros recibir el Bicentenario de nuestra vida independiente.

Nuestra administración será el gobierno del Bicentenario de Costa Rica, y nos corresponderá dar los siguientes pasos valientes de Costa Rica en la historia. Debemos avanzar dinámicamente, por la buena ruta y sin dejar a nadie atrás.

Nos corresponde vivir el momento de la historia de la humanidad de mayor desarrollo científico y vertiginoso avance tecnológico en lo que Klaus Schwab ha acuñado es la Cuarta Revolución Industrial.

Frente a esto no podemos ser solo espectadores. Fieles a quienes hemos sido, debemos ser líderes.

Debemos liderar una visión ética del desarrollo, que adopta y aprovecha las innovaciones pero las combina con el buen vivir y el convivir de toda la sociedad, sin exclusiones, con amor y paz en los hogares y en los corazones de todas las personas.

Costarricenses: fieles a nuestra historia, ¡volvamos a ser excepcionales!

Prometo lo que he prometido siempre, con inteligencia, con equilibrio y con fuerza: trabajar, trabajar y trabajar.

¡Que viva Costa Rica, Que viva Costa Rica y que viva mil veces Costa Rica!

Carlos Alvarado Quesada

Presidente