#EnLaMira: “Les quito el arma y los mato hijuepu…”

artículo de opinión

Minor Araya Salguero

Criminólogo – Exjefe OIJ 


Mayo 15, 2019. El que se hace ver como un paupérrimo sociópata; un tipo descamisado, descontrolado y muy agresivo, está suelto en las calles de Siquirres. Éste reta, abierta y escandalosamente, a dos oficiales de nuestra Fuerza Pública ” …venga idiota venga pa que vea, me cago en la puta de tu madre, que fue hijueputa, que fue hijueputa, venga pa que vea, venga vámonos”. Aquella abrupta retahíla, era solo el preámbulo…


“Una sociedad que quiere hacer la guerra con la policía, mejor que aprenda a hacer amigos con sus criminales”  Blue Lives Matter


El desadaptado social [agresor 1 en escena] no solo ofende de palabra a los policías, también intenta agredir el vehículo patrulla para luego realmente hacerlo con la humanidad de uno de los agentes; al cual golpea fuerte y varias veces. Este agente [policía 1 en escena], parece no aguantar – psicológicamente – más; se prepara mental y físicamente para pelear, de igual a igual y, de una vez por todas, cerrar la boca que como viejo escusado, hacía valer el descamisado. 

Otro desadaptado interviene [agresor 2 en escena]; éste pretende sumar fuerzas con su amigo, el de rancio aliento [una espectadora le identifica como “borracho”] y así vencer, gorreando al enojado y ya vulnerable oficial [policía 1] pero, casi de inmediato, otro agente [policía 2 en escena] hace su intervención tratando de impedir que su compañero experimente una “pelea desigual”, una paliza, quizá una con tintes de tragedia.

Este segundo funcionario público se enfrasca también, pero en una pseudopelea [por momentos intercambia golpes con sus puños para luego hablar con su oponente dando a éste, inexplicablemente la espalda] que le hace vulnerable a él y a su compañero [que está peleando a nivel de suelo]. Este cuarto actor, el policía 2 está armado con arma letal una que, evidentemente no sabe defender, menos aún, retener.

Todo aquello – filmado por un espectador – termina, a gran dicha, con la detención de los dos promotores del desorden público. Los agresores son reducidos a la impotencia gracias a la intervención de la aplicación de una parte del Fundamento Técnico Policial llamado Superioridad; los dos agentes inmiscuidos en esta – ya descrita – riña, fueron auxiliados por tres agentes más que sí lograron – como equipo – sacar profundos lamentos de la basura.

Con respecto a los hechos, la internauta Vanessa Sanabria Ramírez, (Accidentes de Costa Rica) escribe: “Que falta de respeto a la autoridad y el otro policía muy marion (sic) también debió agarrar a ese individuo y demostrar quien es la ley”. 

No, la policía no debe hacer cumplir la Ley y restablecer el orden público haciendo frentear conceptos o paradigmas como “el macho”, “machismo” o “masculinidad hegemónica”. La intervención policial debe regirse, en primera instancia, por el ADN de la Gerencia de Crisis en donde, la emotividad intensa en la psique, puede ser una amenaza; una que puede estar presente en todas las partes que le componen (tratamiento) no siendo la policial, una excepción. 

Es un hecho, la emotividad cegó casi por completo la capacidad de raciocinio de 

nuestros dos policías administrativos. La consumación de los hechos hace creer – con cierto grado de certeza – que el objetivo de los agentes no era la detención policial a priori, era medirse en iguales condiciones con el revoltoso [agresor 1] y así, haciendo uso de puñetazos y patadas – al mejor estilo callejero – tapar su hedionda boca. 

El policía 1 desborda la patrulla sin más armas que sus extremidades, siendo la conducta del policía 2, evidentemente permisiva al tratar de que aquella riña primaria, se diera en iguales condiciones de fuerza entre policía y agresor; sin embargo, la conducta violenta y decidida del agresor 2 parece distorsionar el objetivo central de nuestros oficiales…

Aquel que piense que una intervención policial se rige o debe regirse con los mismos parámetros que pudieran reinar en un pleito de cantina, lamentablemente está muy desinformado. El policía en la calle debe tratar de actuar siempre con ventaja. La detención debe ser orientada con el uso pleno del razonamiento en donde, el fundamento Superioridad Policial sea su principal derrotero [existen otros no menos importantes].

Llama poderosamente la atención el criterio del señor Daniel Chanto Solano: “Se supone que desde el momento en que el mae le levanta la mano al oficial, el oficial debería de sacar la macana, no darse cuerpo a cuerpo”. Don Daniel no es policía, no se hace llamar experto en seguridad, no es periodista, no tiene ni ha tenido un cargo en nuestras fuerzas de policía; él es un artista, un talentoso joven vocalista y compositor musical que, con sus palabras se hace ver como un verdadero conocedor de las tácticas policiales. 

El aporte de este joven internauta es tan valioso, que resume y circunscribe el estúpido matiz que pudo haber costado la vida de dos valientes pero mal entrenados, equipados y dirigidos policías. En el año 2000, uno de mis maestros, Tony Blauer [experto norteamericano en Combate Cercano] nos decía: “Pelear de igual a igual, sin ventaja, no es requisito para el agente, es muy riesgoso para éste; puede conducir a la muerte subestimar al oponente…” .

Durante un proceso de detención policial, el agente puede hacer uso – en primera  instancia – de sus extremidades, incluso de su boca pero como recursos fiables menos letales de supervivencia; cuando otras herramientas no naturales fracasan, están ausentes, no son viables al no ser congruentes con el nivel de fuerza objetivamente requerido y, por la afectación de un desarrollo intempestivo de los hechos. Pero, ¿A qué llaman Armas Menos Letales (AML)?


“Las armas menos letales (AML) son dispositivos diseñados para generar un efecto específico e intermedio que permita neutralizar o incapacitar temporalmente objetivos en situaciones de riesgo medio, reduciendo la probabilidad de una fatalidad”  Small Arms Survey


Hasta acá, debe resultar claro al lector que, no es necesario ni un acto de cobardía para el policía, enfrentar al sospechoso haciendo uso de herramientas especialmente diseñadas para establecer una requerida ventaja; no utilizarlas pudiendo hacerlo, resulta subestimar las capacidades del sospechoso y quizá, la última incorrecta decisión de un policía. Ahora bien, ¿Por qué en este caso, los oficiales de Fuerza Pública debiendo hacerlo, no hacen uso de AML para restablecer el orden público?

A nuestros policías preventivos no se les equipa con herramientas menos letales. Esto lo sabemos gracias a la responsabilidad y transparencia con la que, la Seccional ANEP Fuerza Pública, lo describe públicamente el pasado 16 de mayo “¿Cómo hacerlo? Con las herramientas que se tienen. No se capacita en defensa personal, no se adquieren armas no letales (neutralizadoras), no se tiene superioridad numérica, y no se puede usar el arma de reglamento, lo que sigue es hacer uso de las habilidades personales, para lograr el cometido de restablecer el orden público.” (2019).

Una situación lamentable y más allá, reprochable si se considera que, la utilización de AML por parte de agencias de seguridad pública no es reciente. Desde hace al menos un siglo, fuerzas del orden de todo el mundo han incorporado y utilizado dispositivos menos letales. La Organización de Naciones Unidas (ONU) vehementemente recomienda “Integrar el uso de AML al uso continuo de la fuerza respetando la legalidad, necesidad,

proporcionalidad y rendición de cuentas” (2016). Es increíble que en pleno Siglo XXI, nuestros policías uniformados no estén en las calles a la altura de las exigencias y parámetros de Ley y Orden internacionales.

Existen no menos de nueve tipos de AML’s siendo aquellos que trabajan con Energía Cinética, los más accesibles por sus características de prestación y costo. El afamado Bastón Policial PR24 – inspirado en la Tonfa oriental – fue desarrollado por el policía Lon Anderson desde 1972. En nuestro país el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ha hecho un extenso y provechoso uso de esta AML incluso, el sistema de seguridad privada de los centros comerciales de Grupo Roble le utilizan actualmente. 

Si bien, el PR24 ha sido – con los años – reemplazado por otros tipos de AML de más reciente invención, resulta incomprensible que nuestra longeva Fuerza Pública no haya pensado siquiera, en el gran aporte a la supervivencia policial, que este y otros dispositivos representan en la actualidad. 

Al parecer estamos estancados, no actualizados con la esencia del trabajo policial preventivo ya que, mientras la policía preventiva de Costa Rica obvia lo inventado y probado en materia de recursos menos letales hace décadas atrás hoy, en Estados Unidos de América se recibe con complacencia el BolaWrap, un dispositivo AML aparentemente híbrido y desarrollado por un Equipo de Armas y Tácticas Especiales (SWAT por sus siglas en Inglés) de Texas. 

Asumiendo lo anterior, una eventual responsabilidad por incurrir en riesgo innecesario, extendiendo este hasta niveles que lejos de controlar, promueven y expanden el agravio al Orden Público, no debería recaer en los dos oficiales de policía en cuestión; debería encajar en la Cadena de Mando de estos, en aquellos funcionarios que administran, coordinan y supervisan el desempeño de esa gran base piramidal.

En Costa Rica, al igual que el consumo de la engañosa droga llamada marihuana, el irrespeto por nuestras autoridades de policía desafortunadamente se ha incrementado. Lo segundo se ha percibido gracias al acceso a la incansable tecnología; la mayoría de costarricenses porta un pequeño pero muy efectivo dispositivo de video grabación. A través de la capacitación, equipamiento y supervisión profesional el policía debe, no solo enfrentar los cambios, como desafíos los debe superar y hacer de estos sus aliados en la lucha contra el crimen. La ignorancia puede generar error.

Dedicado con respeto y mucho agradecimiento, a mis primeros maestros de las artes policiales [actualmente jubilados del OIJ] los señores, Jorge Badilla Allan, José María Machado Ramírez, Manuel Alvarado Orozco y Óscar Murillo Fernández. 


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