Foto con fines ilustrativos

Minor Araya Salguero

Criminólogo – Exjefe OIJ


Ayer (julio 31)  sobre la ruta 27, varias personas que quieren trabajar pero no les dejan, se manifiestan. La Fuerza Pública se involucra, despejando con el uso de la fuerza, a la muchedumbre. Las lentes, una vez más, fueron testigos de lo que allá ocurrió.

En la «medianera» (discurso diario sobre el COVID-19) llamó mi atención que nuestro presidente Don Carlos Alvarado, al respecto nos cuente lo siguiente:

«Hoy en la mañana se actuó mal, no de conformidad con nuestras instrucciones. Tanto Michael Soto (ministro de Seguridad) como mi persona nos enteramos de la situación una vez que los hechos habían ocurrido”

Esta – si bien recuerdo – es la segunda ocasión en la que, públicamente el presidente, no solo se sacude, también con sus palabras, como finas estocadas, daña gravemente a oficiales de policía y, peor aún, a esa longeva y valiosa institución preventiva del delito. Recordemos sus palabras un septiembre 12 de 2018:

«He recibido reportes del ingreso de policías al campus de la Universidad de Costa Rica luego de una persecución. He instruido para que se investigue lo sucedido para establecer responsabilidades. No permitiremos violaciones a la autonomía universitaria»

No es raro, desde mi perspectiva, que un político se desmarque de su responsabilidad así, con tan peculiar estilo. Lo que si lamento, es que un jefe o, mejor aún, un líder, pudiera hacer esto. ¿Por qué lo digo? Nuestra Carta Magna, señala una de las grandes responsabilidades que tiene el presidente de la República, según el artículo 139, inciso 3: «Ejercer el mando supremo de la fuerza pública». Es decir, Don Carlos Alvarado, es el jefe y máximo responsable de nuestra Fuerza Pública.

Por otro lado, las declaraciones del Jefe Supremo me dejan algo desorientado. ¿Será que nuestra Fuerza Pública actúa en tan serios y delicados hechos, en modo automático, con un divorcio total entre la línea del mando? No, yo no lo creo.

La Fuerza Pública puede tener serias debilidades – de hecho las tiene – pero su adoctrinamiento en materia de Disciplina, no estimo que sea una de esas. Yo mismo, he deseado para el Organismo de investigación Judicial (OIJ) ese índice de disciplina demostrado en aquella policía administrativa.

Claro que el 31 de julio a efecto de hacer uso de la fuerza policial contra manifestantes – al parecer pacíficos – debía existir una orden superior derivada desde su Cadena de Mando; lo contrario, definitivamente, sería gravísimo por peligroso a quien una institución policial sirve, a su pueblo.

Entonces ¿Será que el jefe supremo de la Fuerza Pública tiende fácilmente a desmarcarse de su gran responsabilidad o bien, una seria amenaza camina entre las filas de tan grande institución?

Únicamente los medios responsables de prensa pueden coadyuvar con la comprensión de este, muy delicado asunto y así, conocer sus intrigantes respuestas. Es el resultado de una investigación urgente y objetiva lo que requieren cinco millones de costarricenses.

Aún con todo, un líder no se sacude, no se desmarca de su responsabilidad ante lo que hace o deja de hacer el personal bajo su cargo, en este caso, un digno personal al cual, sin temor alguno de decirlo, lo que falta le hace no es valor y determinación.

Por último ¿Habrá una seria amenaza en la estructura de mando de la Fuerza Pública o, un Gerd Müller en la presidencia?