- Oficial de la Fuerza Pública en Bribrí habría filtrado operativos a contrabandistas de licor por una dádiva ridícula
Una oficial de la Fuerza Pública, destacada en Bribrí, Talamanca, quedó en el centro de una escandalosa investigación judicial tras presuntamente colaborar con una banda dedicada al contrabando de licor. ¿El precio de su lealtad? Un tres leches y un refresco.
Según el expediente 19-000006-621-PE, la policía, de 42 años, es una de cinco oficiales investigados por supuestamente brindar información a la banda “Los Pichuiditos”. Este grupo, integrado por nueve personas, introducía licor desde Panamá sin pagar impuestos y lo distribuía en locales comerciales de Costa Rica.
El caso revela que los contrabandistas ofrecían sobornos a oficiales de distintas delegaciones en Limón para evitar ser capturados. Uno de los líderes de la banda, de apellido Jiménez, contactó a la oficial de Bribrí en agosto de 2019, ofreciéndole el postre y el refresco a cambio de información sobre retenes policiales en la zona.
La imputada, quien trabaja en la Fuerza Pública desde 2011, habría aceptado la dádiva y revelado los operativos policiales en curso. La Fiscalía sostiene que actuó con “total desprecio del deber”, según consta en el expediente judicial.
Los sobornos no terminaron ahí. Jiménez también habría entregado ¢20.000 a una oficial de Cahuita para que permitiera el paso de un cargamento ilegal. En otro incidente, un oficial de Valle La Estrella habría aceptado ¢10.000 por dejar pasar un vehículo con licor de contrabando.
Incluso el hermano de Jiménez, también implicado, sobornó a otros oficiales para evitar retenes, llegando a alertar sobre zonas con presencia del Servicio Nacional de Guardacostas y la Policía de Fronteras.
La banda operaba desde una casa cerca del río Sixaola, en el lado costarricense, donde almacenaban el licor antes de enviarlo a bodegas en Limón y Alajuela. La Fiscalía afirma que tenían “comprada” a la policía.
El caso sigue bajo investigación y saca a la luz el nivel de corrupción que puede existir dentro de los cuerpos de seguridad del país, muchas veces a cambio de dádivas tan absurdas como un postre.