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¿Cómo distinguir el apetito emocional del físico?

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Imagen Ilustrativa

Redacción– En cuanto a los buenos hábitos alimentarios, existen señales que pueden ayudar a distinguir el apetito emocional o por estrés del apetito físico y real.

El hecho de comer como escape emocional o por estrés generalmente aparece repentinamente, en general se hace para escapar de sentimientos negativos que se está
experimentando, con la esperanza de que la comida nos haga sentir mejor.

A muchos nos pasa que comemos emocionalmente de vez en cuando. A veces es una decisión consciente, pero, con más frecuencia, automática. Quizás la persona no sabe exactamente qué es lo que le molesta, pero está bastante segura de que la comida es lo único que curará su malestar.

En cambio, el apetito físico tiende a aparecer de manera gradual, la persona comienza a
sentir hambre pero puede esperar para comer, lo cual da algo de tiempo para escoger
prudentemente y saciar el apetito con algo saludable.

Comer por estrés por lo general provoca un antojo de algún alimento con azúcar, grasas y alto en calorías (como el chocolate, por ejemplo).

Sin embargo, cuando se está físicamente hambriento, la persona está dispuesta a considerar varias opciones que satisfagan su apetito físico, lo que significa que es más probable que tome una mejor decisión. Una vez satisfecho el apetito físico y cuando el estómago está lleno a gusto, es señal de que ya se ha comido lo suficiente.

Sin embargo, cuando las emociones son el motor, es fácil ignorar lo que dice el estómago y se come mucho más tratando de sentirse mejor.


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Comer por estrés puede levantar el ánimo momentáneamente, pero después, con la misma rapidez, el sentimiento de vergüenza y culpa aparecen.

Con el fin de lograr y mantener una dieta saludable, la experta en nutrición Susan Bowerman, Directora de Educación y Capacitación en Nutrición Mundial de Herbalife Nutrition propone algunas ideas para poner en práctica y así evitar la conducta de comer emocionalmente o por estrés:

 Llevar una agenda de comidas: Una agenda de comidas puede ser realmente útil para
que vea qué es lo que provoca que coma por estrés.

Cuando sienta la necesidad de comer, tome nota de qué tanta hambre siente con una escala del 1 al 10 (1 = me desmayo de hambre; 10 = estoy tan llena que ya no me entra la ropa). Después anota cómo se siente en ese momento.

 Admitir tus sentimientos: Si usted es consciente de que las emociones son lo que
detona que coma por estrés, entonces ¿por qué no aceptarlo? Es bueno sentirse a
veces enojado, solo o aburrido.

Los sentimientos pueden ser desagradables, pero no son peligrosos y no siempre necesitará ‘repararlos’ comiendo.

 Trabajar en tus habilidades de adaptación: Cada vez que come como reacción al
estrés, es un recordatorio de que no puede controlar sus emociones.

Cuando le afecte el estrés, intente preguntarte: “¿Qué es lo peor que puede pasar si no como?” Sí, su nivel de estrés podría aumentar un poco, pero el sentimiento pasará. Practique tolerar sus emociones o encontrar otras maneras de hacer frente a su estrés.

 Encontrar alternativas a comer: Tómase unos momentos para reflexionar sobre sus sentimientos y piense en formas para resolver su problema.

Haga una lista de las cosas que puede hacer en lugar de comer, como salir a caminar, escuchar música o meditar.

 Olvidar los malos hábitos: Quienes comen a causa de sus emociones continuamente
refuerzan la idea de que la mejor forma de tratar las emociones negativas es con
comida.

Al igual que otros malos hábitos, comer por estrés ocurre antes de que tenga
oportunidad de pensar en ello. Por lo tanto, necesita olvidarse de los malos hábitos y
ponerse a hacer algo diferente a comer cuando tiene un mal día.

 Esperar hasta que pase: Quienes comen por estrés a menudo temen que, si no
satisfacen las ansias de comer, el antojo empeorará.

No obstante, cuando practican tácticas dilatorias, a menudo se sorprenden de que el antojo simplemente desaparece.

En vez de rendirse inmediatamente a las ansias, hágase la promesa de que esperará
unos minutos y dejará que el antojo desaparezca.

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