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(Vídeo) Pablo Ureña: el primer tico instructor de esquí en Australia

A más de 15.600 kilómetros de su natal San Luis de Santo Domingo de Heredia, un joven costarricense se gana la vida como instructor de esquí en en el Parque Nacional Kosciuszko

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Por Otto Vargas M, director de Digitus CR

Australia es conocida por sus canguros, por las augustas conchas de la Casa de la Opera de Sídney y por los ardientes desiertos que se pierden en la línea del horizonte.

Quizás también sea conocida por sus aborígenes de pieles oscurísimas y narices anchas como puentes o por aquel impresionante instrumento capaz de desplazarse a velocidades endiabladas antes de regresar, mansamente, a las manos de su lanzador: el boomerang.

Pero nada de eso llevó a Pablo Ureña Vega hasta ese país, a más de 15.688 kilómetros de su natal San Luis de Santo Domingo (Heredia).

Poblado hace más de 40.000 años, hoy esta lejana tierra es el hogar de un costarricense que enseña a otros a esquiar… Sí, porque en Australia –el sexto país más grande del mundo– también existe la nieve, aunque para eso haya que viajar 354 kilómetros al suroeste Sídney.

Ureña, de 24 años y bachiller en Educación Física, es instructor de esquí en el Parque Nacional Kosciuszko, en Perisher, Nueva Gales del Sur.

A este joven costarricense, quien además es entrenador de atletismo (entrena virtualmente a corredores y ultramaratonistas residentes en Estados Unidos, Costa Rica, Ecuador y Australia), fue el amor el que lo llevó hasta ese lejano paraje.

Viajero por vocación

La idea de participar en programas de «trabajo y turismo» en Norteamérica sedujo, a temprana edad, a este atleta costarricense, quien pasó tres inviernos en resorts de esquí de Nuevo México, Estados Unidos (Angel Fire Resort) y Canadá (Castle Mountain).

«Trabajé en otros resorts, pero jamás como instructor. Me encanta desafiarme, especialmente al practicar backcountry (esquí de travesía) porque me ha servido con el atletismo de montaña en los últimos años», explicó.

Fotos: Anna Sellers

Durante su pasantía en Canadá conoció a la australiana Bethany Davies y supo, sin importar lo que ocurriera, que de ahí en adelante la seguiría hasta el fin del mundo.

El 30 de junio pasado, con el lago Crackenback (Nueva Gales del Sur) como testigo, el tico le pidió matrimonio. Ella dijo que sí.

Nueva vida

Hace tres meses, este instructor herediano empacó sus recuerdos y dirigió la mirada hacia una tierra enigmática: Australia. Su prometida aplicó para un trabajo en la Oficina de Seguridad y Medio Ambiente en el Ski Resort Pereisher; Pablo no lo pensó dos veces y aplicó para ser instructor de esquí. No tardó en certificarse.

«Siempre había querido hacerlo porque se relaciona con mi carrera (Educación Física)», contó.

Las restricciones de ingreso de turistas mermaron la afluencia de visitantes en el parque, pero Pablo no se desanima.

Sabe que los aprendices pronto van a regresar. Mientras tanto se prepara para estar en óptimas condiciones físicas.

«Por supuesto que extraño a Costa Rica y a mi familia; pasar tiempo con ella y disfrutar de un buen cafecito con pan en las tardes», cuenta.

A sus aprendices les sorprende saber que en estas latitudes tropicales no hay nieve. Entonces sobreviene la pregunta obligatoria: ‘¿Y entonces cómo aprendió a esquiar?’

«Yo les explico que probablemente sea el primer costarricense en ser instructor de esquí en Australia, pero hay otros ticos que lo hacen en otros lugares».

Pablo es un muchacho abnegado que encanta por su carisma. Suelto de verbo, es generoso en sonrisas. En estos momentos entrena a un equipo de atletas pueblerinos.

Pablo y Beth en Australia

«Principalmente enseño a esquiar a australianos, aunque de vez en cuando a extranjeros. Australia actualmente no acepta muchos turistas por el proceso de cuarentena obligatoria al entrar al país. Además, es necesario un permiso especial para hacer turismo debido a la pandemia (de Covid-19)», explica.

Todavía se ríe al recordar la experiencia, recién salido de la cuarentena en Australia, de viajar en los asientos delanteros del vehículo sin tener frente a él un volante, como ocurre a la izquierda de los carros en Costa Rica.

«Hasta que iba mareado…».

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