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(Opinión) La clave para el éxito económico en América Latina

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Foto: Reuters

Por: Yossi Abadi

Abogado y empresario israelí
CEO del Grupo TENLOT

El desarrollo de una nación no es el resultado de una simple «Buena suerte». Es el reflejo de las decisiones estratégicas que se orientan tanto desde el sector público, como privado. El Estado de Israel es una muestra de ello. La inversión en investigación y desarrollo del sector tecnológico, han convertido a Israel, un país relativamente joven y con constantes conflictos armados, en una potencia tecnológica mundial.

Pero esto no comenzó ayer. El gobierno israelí creó las infraestructuras que han permitido el crecimiento de la alta tecnología desde la década de 1970 y, especialmente, a principios de los noventa.

Desde entonces, la alta tecnología ha crecido y evolucionado, hasta convertirse en un sector importante de la economía israelí, y el crecimiento en los últimos años se ha producido casi sin la intervención del gobierno.

La participación de la alta tecnología en el PIB permitió un aumento del 10% en la década de 2000 a un 15% en 2020, mientras que mayor parte de este crecimiento se produjo en los últimos 3 años. El último informe del Banco de Israel indico que la participación significativa que ha tenido la alta tecnología en la economía israelí es uno de los factores que llevaron al impacto adverso moderado de la crisis de Covid-19, en comparación con su influencia en otros países desarrollados, mostrando una increíble capacidad de rápida reacción al nuevo entorno de trabajo y las condiciones de incertidumbre.

En Israel del 2021, el 10% de la fuerza laboral actual, trabaja en empresas de alta tecnología. Pero quizá más interesante aún, es el hecho de que el 25% de todo el impuesto sobre la renta que ingresa al Estado, proviene de los empleados de la alta-tecnología. En otras palabras, los empleados de las start-ups israelíes, son responsables de los pagos de impuestos casi 3 veces más altos que su participación relativa en el mercado laboral. Su importancia en el mercado local es pues eminente. Solo fíjense: en plena pandemia, el capital recaudado por las start-ups israelíes se multiplicó por más de cuatro en una década y se situó en USD 11.5 mil millones en 2020, reflejando un aumento del 20% comparado con el 2019.

El secreto no está en la tecnología. La raíz del éxito está en la gente que lidera la innovación y la clave – está en la educación. En Israel, uno de cada tres estudiantes está estudiando una licenciatura en materias STEM (ciencia y alta tecnología), y esa trasformación, es la que debe suceder en América latina. Generar un fuerte impulso en los estudios científicos, intensificar la inversión en el recurso humano y en la investigación y desarrollo (R&D), son la clave inicial para que América Latina se convierta en la gran potencia mundial que debe ser.

La pandemia mundial del COVID-19, intensifico el reflejo de las debilidades y fortalezas de todas las naciones. Latinoamérica es quizá la región más afectada por la pandemia, y su impacto se notará a largo plazo en las economías de la región. Precisamente por ello, la transformación y reestructuración económica a gran escala es más que necesaria. Y mejor tarde que nunca.

La integración de una visión tecnológica en la educación, y el impulso de estructuras de apoyo a los jóvenes emprendedores quienes evidencian hoy los desafíos nacionales, serán el comienzo de una nueva América latina; Un continente con tantos desafíos, y a la vez tantas oportunidades.

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