Inicio Opinión #EnLaMira: El escudo balístico y su gran aporte a la supervivencia policial

#EnLaMira: El escudo balístico y su gran aporte a la supervivencia policial

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Minor Araya Salguero

Criminólogo – Exjefe OIJ – Especialista SWAT


Mucho podemos compartir con ustedes acerca de lo que conocemos como, escudos balísticos, pero el tiempo y el espacio, como bien comprenderán (abundancia de tecnicismos), objetivamente nos lo impide.

Eso sí, espero que este modesto contenido, no solo sea de su agrado, también espero que este coadyuve con su ambición por incrementar los niveles de protección que actualmente, se tienen prescritos al personal bajo su responsabilidad.

Si por algo se distinguió la unidad táctica del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), fue por sus altos niveles de innovación. El Servicio Policial de Intervención Inmediata (SPII) siempre se las arreglaba para estar al tanto de su difícil entorno y claro está, de aquello que como herramientas imprescindibles para la preservación de la vida, tenía lugar. El escudo balístico, era una de esas tantas herramientas.

Para 1998, el Equipo de Armas y Tácticas Especiales (SWAT, por sus siglas en inglés) de la Ciudad de Miami, nos lo mostraba: a nivel de tácticas policiales especiales, el escudo balístico se clasificaba como herramienta imprescindible para la supervivencia del operador táctico.

Pero, no todo era de «soplar y hacer botellas«.

El entrenamiento con aquel tipo de artefactos era sencillamente extenuante. Las cualidades físicas (largo, ancho, grueso y peso) de aquellas cosas, hacían ciertamente más seguro el movimiento individual y en equipo; a pesar de esto, debido a su peso y rigidez, el portador debía ser especialmente seleccionado y capacitado.

Los escudos balísticos, según su clase y su origen de fábrica, se construyen siguiendo una norma de calidad específica. En los Estados Unidos de América, por lo general, es la normativa del Instituto Nacional de Justicia (NIJ, por sus siglas en Inglés) la norma predilecta a seguir por aquellos, los más respetados y fiables fabricantes de ese enorme país.

Así, aquellos escudos balísticos clasificados por la norma como, de nivel de protección IIIA, son capaces de vencer amenazas balísticas del orden de hasta, .44 Magnum, .357 Magnum, .40 S&W, 9 milímetros, .38 y demás municiones, que por lo general, mantienen orientación hacia las armas cortas (revólveres, pistolas).

Los escudos clasificados como de nivel III, apuntan a vencer esas, más terribles por poderosas y dañinas, municiones supersónicas y puntiagudas; las comúnmente disparadas por algunas armas largas (rifles, escopetas). 7.62 x 39 mm, 5.56 x 45mm, shotgun slug (según tipo), etcétera.

Una subametralladora resulta ser una arma larga; no obstante, este tipo de arma se orienta al uso de munición comúnmente utilizada por armas cortas.

Suponen bien, amigas y amigos, a más nivel de protección tenga el artefacto (escudo balístico), más cantidad de peso resultante. En materia de escudos balísticos, con más razón, los de nivel III+, IV y otro, se habla de blindajes rígidos; esto es, materiales balísticos especiales muy resistentes tanto como no flexibles.

Para 2001, un escudo nivel IIIA (debidamente certificado) rondaba un peso aproximado de entre 21 y 24 libras. Aún recuerdo aquel primer escudo U.A, de nivel IIIA que puso, a inicios del 2000, al servicio de Costa Rica, el SPII; era indudablemente, precioso. Uno, nivel de protección III, de medidas aproximadas 20″ x 30″ podía tener un peso de 40 a 44 libras. ¡Si, un peso considerable.

Imagínense estar 8 horas, con equipo extra (casco, chaleco, armas, municiones y otros), portando un escudo nivel III, subiendo y bajando, bajo entrenamiento, las gradas de un edificio. En efecto, llega el momento en que se llega a pensar: ¡Dios, que hago aquí, en qué me metí..! Tus piernas, tu espalda, definitivamente, llegan a conocer su umbral del agotamiento.

En 2001, en New Mexico, Condado de Dona Ana, cargando en entrenamiento un escudo Nivel III, bajo estricto entrenamiento, yo tenía que avanzar gradas arriba, por enésima vez, pero no pude; mi pierna izquierda me daba, apenas para permanecer de pie. Aquél buen escudo tenía un peso mayor a 43 libras. Imaginaron bien, tenía que seguir avanzando, por lo que ya completamente agotado, terminé en los brazos de mis compañeros en retaguardia.

Con todo, era de esperar, los norteamericanos son incansables amigos de la calidad, tanto como de la innovación tecnológica. Para 2009, en Houston, tuvimos la oportunidad de tener en nuestras manos un escudo balístico nivel III, y si bien era un prototipo a probar por Houston PD SWAT, aquello era muy atractivo: su peso era infinitamente menor a los que alguna vez, alborotaron mis más feas pesadillas. De aproximadamente 30 libras, era una maravilla, hecho de Polietileno balístico.

Gracias a la implementación del escudo balístico, la unidad táctica del OIJ, no solo salvó las vidas de inocentes y agentes de la Ley; el éxito fue tal que, nuestro estilo operativo fue finalmente comprendido y emulado por otras unidades tácticas hermanas. Porque la integridad física del policía especial, tiene un gran valor dentro del contexto de cualquier operación.

Aún recuerdo, en octubre de 2006, cuando la Unidad Especial de Intervención (UEI), con inigualable respeto y humildad, solicitó en calidad urgente de préstamo, nuestros dos escudos balísticos. Esa sangrienta madrugada allá, en Guácimo de Pococí, marcó un antes y un después para nosotros y para ellos, nuestros valientes hermanos.

Esos muchachos de la UEI, fueron fieles testigos de lo que el entonces Director del OIJ calificó como: el allanamiento más violento de la historia del OIJ. Pero esta es otra historia. Lo cierto, es que en aquella difícil madrugada de martes, teñida por pólvora, sangre, gritos y muerte, no alcanzó a dañar a ningún operador bajo mi dirección, en parte, gracias a esos dos escudos balísticos que no solo absorbieron la energía de varias balas, también confundieron la mente del osado criminal.

Hoy, ciertamente los maestros norteamericanos demuestran, una vez más, que su visión con respecto a la criminalidad y las capacidades policiales diversas, es inequívoca por lo que, sus capacidades de innovación a efecto de elevar la probabilidad de supervivencia policial en el campo, son incansables, como lo verán…

Mayor protección balística, menos peso y mayor versatilidad al movimiento personal y de equipo, es lo que el maestro, Alejandro Macías, ha creado…

A través de la compañía MPS, Macías ha desarrollado un Escudo Balístico Plegable; uno que mezcla características establecidas para un nivel IIIA con uno III+ en donde, lo híbrido de los materiales, hacen de esta especial herramienta, no solo un lujoso objeto de protección, también lo hacen uno innovador y apto a varios tipos de operaciones y necesidades policiales.

Este tipo de escudo, uno que desplegado conociendo un nivel IIIA pesa unas 6 libras y, en su nivel III alcanza unas 12 libras, hace que hasta al más rudo policía de tránsito costarricense, «se le haga la boca agua».

Por sus cualidades balísticas, su versatilidad y peso, este plegable puede ser perfectamente utilizado por aquellos servidores de la ley que, utilizando una arma corta, sirve en el campo de operaciones:

Oficiales de Tránsito, aplicando Puestos de Control de Carretera. Agentes de Investigación Judicial, aplicando seguridad a ventanas durante el allanamiento de Edificios y asaltos vehiculares. Policías Preventivos de Fuerza Pública, aplicando puestos de control de carreteras, atendiendo asuntos de violencia doméstica. Oficiales de Guardacostas, despejando espacios reducidos. Policías Municipales, atendiendo asaltos en progreso y claro, imagínense la ayuda que ofrecería este tipo de escudos, a esa rápida reacción requerida por el fenómeno criminal llamado, Tirador Activo.

Me imagino a un oficial de policía, o bien, a uno de Seguridad Privada que, debiendo neutralizar a un tirador activo, hace valer su difícil protección, durante el movimiento a través de las sinuosas estructuras de un centro educativo, con un escudo como el aquí, hoy el gran invitado.


Un artículo de opinión, dedicado con mucho respeto y admiración, al maestro Alejandro Macías, cuya compañía MPS, ha logrado desarrollar un escudo balístico plegable, de alta versatilidad y sobretodo de alta calidad certificada. Un gran producto, uno destinado a la preservación de vidas muy valiosas, la de nuestros policías y personas inocentes.

Ahh sí, adrede, poca mención hice con respecto a los materiales, especialmente diseñados, en la construcción de este tipo de escudo balístico por lo que, con confianza, pregunte directamente a su desarrollador:

Alejandro Macías, teléfono 305-606-0387, correo electrónico macias4252@icloud.com

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