Redacción- En el hospital psiquiátrico de Amiens, en el norte de Francia, hay médicos, enfermeros y perros para cuidar a los pacientes.

El centro Philippe Pinel practica la canoterapia, un tratamiento que recurre a los animales para ayudar a personas en situación de discapacidad mental.

Con Zoé, un Golden retriever, en una mano y Fatou, un cavalier King Charles, en otra, Priscillia, de 27 años, pasea bajo la arcada de este hospital de ladrillo rojo del siglo XIX. «Me encantan los perros», reconoce con alegría.

Pasear, ocuparse de perros y relacionarse con ellos tendría numerosos beneficios para los pacientes, como un efecto antidepresivo, servir de freno para el proceso de aislamiento, la disminución del estrés, o la adaptación a la vida social.

El hospital Philippe Pinel, que tiene unos 300 enfermos y cuatro perros, es uno de los pocos establecimientos de Francia que recurren a la canoterapia para ayudar a los pacientes tratados en psiquiatría.

El centro médico de Mulhouse (este) también propone esta actividad, que también existe en otros países, sobre todo en el norte de Europa y en Canadá.

Con Evie, otro cavalier King Charles, sobre sus rodillas, el enfermero dirige cada semana un grupo de apoyo de una decena de enfermos.

‘Un medicamento como cualquier otro’

Desde que se creó la actividad en el hospital Philippe Pinel, 259 pacientes de entre 6 y 98 años, con 97 diagnósticos diferentes fueron tratados con canoterapia, de la que 54 médicos son ya «prescriptores».

«Empezamos a utilizar este tipo de terapia con pacientes que tenían dificultades para abrirse. El paciente encerrado en sí mismo se centra en el animal que lo anima, y llega así a abstraerse del medio persecutivo que lo rodea para enfrentar la realidad», explica el doctor Cyril Guillaumont, jefe de una sección del hospital.

Esta terapia «también permite disminuir los tratamientos psicotrópicos administrados hasta ahora a algunos pacientes. El efecto tranquilizador del animal hace que los pacientes estén más calmados y así ya no es necesario entrar en una escalada terapéutica», afirma el doctor Guillaumont.

Al final, «es un medicamento como cualquier otro: hay una evaluación inicial, una prescripción con el acuerdo del paciente y un efecto terapéutico que se evalúa», concluye.

Así, «poco a poco, estos pacientes van saliendo de su habitación, del servicio, del hospital. Constatamos que el animal ha podido ser el tratamiento que les permitió abrirse», añade. #24horas.cl