Redacción. Alejado del Valle Central, se esconde uno de los lugares más increíbles de Costa Rica. Sin embargo, su belleza no ha logrado enamorar a un Estado que, durante años, ha mantenido en el olvido a Golfito, en la zona sur.

El desempleo y la pobreza convierten a este cantón de costero Puntarenas en caldo de cultivo para la criminalidad, principalmente para el tráfico de drogas a escala internacional.

Las investigaciones policiales revelan una alta participación de habitantes de esta zona en el trasiego de estupefacientes, principalmente pescadores que encontraron en el narcotráfico una forma de ganarse la vida.

¿Por qué? Golfito se encuentra en una posición geográfica de mucha importancia para los cárteles colombianos y mexicanos debido a que es en ese punto en donde las lanchas que transportan las toneladas de cocaína por el Océano Pacífico necesitan recargar sus tanques de combustible.

Desde que las lanchas rápidas o submarinos salen desde el pacífico colombiano, principalmente del puerto San Buenaventura, en Cali, inician un viaje de alrededor 800 kilómetros por el mar hasta las costas de Golfito. Ahí, necesitan apoyo logístico para continuar con su ruta ya sea por mar, tierra o aire.

La ruta de la droga: son 800 kilómetros por el mar entre las costas colombianas y Golfito.
“Lamentablemente, Golfito es un paraíso para los narcos. Muchos factores los benefician para cometer sus actividades criminales, uno de ellos es la falta de trabajo. El desempleo ha generado una ola de corrupción enorme”, explica un agente policial cuya identidad se reserva.

Para este policía, una cosa a llevado a otra y el problema cada vez es mayor en la zona sur del país. El dinero fácil ha enamorado a muchos y ahora el narcotráfico reina en este lugar porque tiene el silencio cómplice de sus habitantes.

“Ahí nadie habla ni denuncia porque sabe que alguien de su familia está involucrado en el narcotráfico. Policías y funcionarios judiciales también son parte de estas red de corrupción que se extienden cada día más y el Gobierno no hace mayor cosa”, revela.

La enorme cantidad de decomisos de droga en las costas del pacífico sur son apenas una pincelada de las toneladas de cocaína que pasan semanalmente por aguas costarricenses.

Mucha de esta droga se queda en Costa Rica para el consumo local, sin embargo, la mayoría sale del país.

Las rutas son variadas: una vez que los cargamentos están en la zona sur toman diferentes caminos. Algunas lanchas continúan su ruta hacia Guatemala, pero otros cargamentos son introducidos a suelo tico para, posteriormente, enviarlo a México, Estados Unidos o Europa, este último desde Limón.

Cuando los cargamentos tocan territorio nacional involucra a más personas en el negocio porque requiere de mayor apoyo logístico.

“Ya ahí no solo se necesita el combustible de los pescadores, también serán necesarias bodegas, camiones y hasta fincas con pistas de aterrizaje clandestinas. Hay una penetración mayor y más complicidad de muchas autoridades que reciben dinero a cambio de un silencio que permitirá el paso de los cargamentos”, añade la fuente policial.

Las montañas, los ríos, manglares y rutas inhóspitas hacen de Golfito es un lugar para trasegar con facilidad la droga.

Además, la lejanía con la meseta central y, por ende, del ojo de las autoridades convierte a este hermoso pueblo en un verdadero paraíso en donde los cárteles encontraron todas las facilidades que requieren para operar su multimillonario negocio.